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8
Jul

In Magazines: MujerHoy July 2013

201307MujerHoyFacebook

06 jul 2013
Mujer hoy – L. R. Bastida

Con su perfecto rostro en forma de corazón, sus enormes ojos de un azul cristalino, la misma tez aterciopelada que el pétalo de una rosa y una sonrisa cándida y rebosante de templanza, Natalia Vodianova podría haber sido cualquier princesa en un cuento de hadas. La vida escogió por ella y la convirtió en Cenicienta. Una que ha pasado de sobrevivir vendiendo fruta en las calles de una ciudad industrial a conquistar las pasarelas de todo el planeta; de poseer un solo abrigo para superar todos los crudos inviernos rusos a compartir su vida con el heredero del mayor imperio de la moda de lujo.

A los 31 años, Natalia todavía embelesa con su conmovedora belleza eslava a fotógrafos, estilistas y editores de moda, que no se cansan de convertirla en la reina de sus portadas. Mientras, su infancia y su adolescencia, marcadas por la miseria y la enfermedad de su hermana Oksana, que nació con parálisis cerebral, alimentan el mito. Es imposible no preguntarle por su pasado. Natalia empezó a trabajar con 15 años para sacar adelante a su familia: su madre y sus dos hermanas, todas de distintos padres. Y es la prueba viviente de que las dificultades vitales imprimen carácter. El suyo está marcado por la determinación y la responsabilidad, la compasión y el orgullo. No tiene ningún reparo en hablar de esa época. “Entonces estaba demasiado ocupada viviendo el presente como para preocuparme del futuro. Solo tenía la esperanza de que, de alguna forma, y a pesar de mis escasas perspectivas en la vida, todo iba a salir bien”, le cuenta a Mujer hoy.

Y todo salió de maravilla. No hubo descubrimiento casual en la frutería, como cuenta otra leyenda, sino trabajo duro, como todo en su vida. “A los 17 años, un novio que tenía me dijo que probara con la carrera de modelo y me apunté a una agencia para que me enseñaran el oficio. Para mí, era inimaginable que algo así pudiera funcionar, pero alguien me seleccionó para ir a París y entonces me di cuenta de que realmente podía ser una opción”, recuerda. Le dijeron que era imprescindible que aprendiera inglés. Le puso tanto empeño que lo consiguió en solo tres meses. Y nada más desembarcar en París, se metió en el bolsillo a toda la profesión. Omnipresente desde entonces en todos los desfiles, su imagen ha estado unida a varias firmas de moda y, desde 2008, representa el ideal de belleza de Guerlain. “Formar parte de esta casa legendaria me ha hecho darme cuenta de lo que la palabra consistencia significa de verdad. Desde hace 180 años, Guerlain conserva su legado de lujo y elegancia, pero también ofrece innovación. Y eso, a pesar de lo difícil que es mantenerse en la cima en estos tiempos”, afirma. El amor es mutuo. Olivier Echaudemaison, director creativo de la firma, asegura que, en su casi medio siglo de profesión, “jamás había trabajado con una piel tan maravillosa como la de Natalia. Tiene más de 30 años y su rostro mantiene la frescura de una adolescente”.

Pese a su físico juvenil, Vodianova no es una niña. Es una mujer decidida a trascender más allá de su entorno y una madre con la firme determinación de educar de la mejor manera a sus hijos. Lucas Alexander (11 años), Neva (6 años) y Viktor (5 años) son lo más importante en su vida y quiere estar ahí para encargarse de que se conviertan en personas íntegras y honradas. “Son mi mayor orgullo y pasar tiempo con ellos es mi prioridad absoluta. Por eso evito trabajar en fines de semana y adapto mis vacaciones para que coincidan con las suyas”, nos cuenta. Los tres son fruto de su relación con el aristócrata y multimillonario británico Justin Portman, hermano del vizconde de Portman y dueño de ingentes cantidades de suelo en el centro de Londres. Se conocieron cuando Natalia tenía solo 18 años. A los 19 ya estaba embarazada de su primer hijo y a los 20 se casaban en una ceremonia ortodoxa en Moscú.

Todo sin bajarse de las pasarelas y sin dejar de posar hasta el último minuto de su embarazo para fotógrafos como Mario Testino (que la llama cariñosamente Supernova, un apodo que ha retomado para su presencia en las redes sociales) o diseñadores como Marc Jacobs. Su relación con Portman ha durado una década. Anunciaron su separación en 2011 y, a día de hoy, se niega a explicar las razones. Aunque ahora comparte felizmente su vida en París con Antoine Arnault, director general de Berluti y uno de los hijos destinados a sustituir al poderoso Bernard Arnault, propietario del grupo LVMH, el mayor conglomerado de lujo del mundo.

Pero Natalia no se deja cegar por la opulenacia que la rodea y se empeña en devolver a la sociedad parte de su buena suerte. Hace ocho años puso en marcha una asociación benéfica con la que intenta mejorar la condiciones de vida de los niños de su país, “para que puedan disfrutar de una infancia mejor que la mía”. Naked Heart Foundation nació tras la masacre de la escuela de Beslan. En 2004, un grupo terrorista supuestamente checheno asaltó un colegio en esta localidad en Osetia del Norte, en Rusia. La tragedia se saldó con más de 370 muertos, 180 de ellos niños. Natalia estaba ese día en Moscú y siguió el suceso en estado de shock, pegada a la televisión. “En el viaje de vuelta a Nueva York no podía parar de llorar”, relata. Sus deseos por aportar algo a los supervivientes se acabó convirtiendo en un propósito mucho más firme y realista: Naked Heart ha construido ya más de 300 parques infantiles en toda Rusia, y varios más en Reino Unido y Brasil. El dinero lo consigue, desde hace cinco años, gracias a un acontecimiento social al que todo el mundo desea acudir: sus “Love Balls”, unos espectaculares bailes benéficos en los recauda millones de euros gracias a la subasta de obras de arte.

Una modelo entregada

Los ha celebrado en Londres, Moscú, en la campiña francesa y en la Riviera, donde tuvo lugar el último, denominado The Beach Ball, y que coincidió con el festival de cine de Cannes. Los empezó a montar con la ayuda de la diseñadora Diane von Furstenberg, “mi ejemplo en la vida, la mujer en la que me gustaría convertirme algún día”, añade. Von Furstenberg tiene aún mejores palabras para la modelo e incluso un premio, el DVF, que otorga Naciones Unidas bajo el auspicio de la diseñadora y que le acaba de conceder a Natalia por su trabajo solidario. “Ahora le quiero dar un nuevo giro a la fundación –nos explica–. Hemos empezado un segundo programa, “Cada niño se merece una familia”, porque en Rusia hay miles de ellos abandonados en orfanatos debido a que sus padres no pueden hacerse cargo de ellos”. Rostro hermoso, corazón limpio, impulso compasivo. Sin duda todas las virtudes de una princesa de cuento de hadas.

“El maquillaje te protege”

“Mi abuela es mi icono de estilo”, explica Vodianova a Mujer hoy. “Ella me lo ha enseñado todo”. Siguiendo su consejo, Natalia también limpia cuidadosamente su rostro todos los días. “Y lo hidrato con Super Aqua, la línea de Guerlain por cuya eficacia soy capaz de jurar”. Su entusiasmo por las piezas maestras de la marca es contagioso. Por supuesto, su fragancia es Shalimar. Pero también “he aprendido que ponerte una base de maquillaje es como vestirte, te protege como la ropa. Si quiero ir natural, me doy un toque de Terracotta”. Para los compromisos sociales prefiere algo sofisticado: “Máscara Cils d’Enfer y Rouge Automatique. Me encanta el colorido de las barras de la colección de verano y me he enamorado de los polvos Terra Ora”.

Leer más: Natalia Vodianova, una zarina en París — Mujerhoy.com —

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2
Jun

In Magazines: MujerHoyES 686, 02 June 2012

Sirena Vodianova, el ángel de la pasarela

La eterna adolescente, Natalia Vodianova, posa con la colección baño 2012 de Etam.

En este teatro de luces y sombras que es la moda, Natalia Vodianova representa la cara más dulce del éxito. Nacida en 1982 en uno de los barrios más conflictivos de la ciudad rusa de Nizhny Novgorod, es la mayor de una familia monoparental, con dos hermanas, todas de distinto padre y una de ellas, Oksana, aquejada de parálisis cerebral. Mantenidas con los míseros ingresos del puesto de frutas ambulante de su madre, se vio obligada a ayudarla desde los nueve años. Quizá la diferencia entre esta penosa historia y muchas otras similares es que la propia Vodianova define su infancia como feliz. La importancia que todo esto ha tenido en su vida no es poca y es la semilla del proyecto más importante de la modelo hasta la fecha: la Fundación Naked Heart, dedicada a construir desde 2005 lugares de juego y dar asistencia a niños sin recursos por toda Rusia.

Crónica de un éxito inmediato

Su belleza eternamente juvenil –”Algo que me exaspera, a fin de cuentas soy una mujer de 30 años, madre de tres hijos y no paro de trabajar. Ya me gustaría, alguna vez, que mi aspecto exterior delatase todo esto”– cautivó a un cazatalentos que la encontró vendiendo fruta en un mercado. En el 2000 fue presentada abriendo y cerrando el show de Yves Saint Laurent. Su éxito fue inmediato y, en cierto modo, se convirtió en el pistoletazo de salida para el boom de modelos del Este que aún hoy alimenta las pasarelas. Pero Natalia, que ha sido imagen de Guerlain, Givenchy o Calvin Klein, contó con algo más a su favor: posiblemente desde Linda Evangelista no se conocía otra modelo tan camaleónica. Capaz de resultar tan efectiva como turbia “flapper” al modo años 20, como “vamp” de los 40 o frívola “disco-girl” de los 90, Natalia se convirtió en insustituible para fotógrafos como Steven Meisel.

Pero no contenta con romper moldes dentro de la moda también los fulminó fuera de ella. La primera de las normas que “quebrantó” fue la de la maternidad. Con apenas 19 años, dio a luz a su primer hijo. Algo que hubiera acabado con la carrera de cualquier otra, gracias a ella, significó el principio del fin de un triste paradigma para las modelos. Vodianova conoció a su primer marido, el aristócrata y millonario Justin Portman durante una cena en París en 2001. En noviembre de ese año se casaron. Su matrimonio, roto finalmente en junio del año pasado, le ha dado tres hijos: Lucas Alexander, Neva y Viktor, el pequeño. Otro rasgo inconcebible unos años antes para una top de sus dimensiones es la naturalidad con la que habla de su vida privada. De hecho, el mundo se enteró de su nueva relación con el también millonario y portavoz de Louis Vuitton, Antoine Arnaud, gracias a unas fotos de un beso tomadas en Ibiza a los pocos meses de su divorcio, que ella misma colgó en su Facebook.

Rompiendo barreras

Pero Natalia nos reserva más sorpresas: entre otras, su voluntad de mantener una carrera paralela a la de modelo en el mundo del cine. Una carrera que, contra todo pronóstico, va a más. Tras sus cameos en ‘GQ’ (2001) y ‘Furia de Titanes’ (2010), ella insiste, y a lo grande: este año estrenará, junto a Jonathan Rhys-Meyer, la adaptación de la novela ‘Bella del señor’, salida de la pluma de Albert Cohen. Los looks que viste en la película ya han dado que hablar. Y aunque todavía es pronto para decidir si ha nacido una nueva estrella del celuloide, dada la suerte que la acompaña en todos sus proyectos, ¿por qué no?

via MujerHoy #686, 02 June 2012

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